La Gomera

16 Abril – 28 Abril 2016

Llegar a la Gomera fue como llegar al paraíso, un puerto pequeñito y acogedor, y sin viento! después de tantos días azotados por la furia de Eolo en Tenerife, por fin un poco de paz! El pueblo y capital de la isla, San Sebastián de la Gomera está a dos pasos del puerto y se ve, aunque sin ningún encanto especial, tranquilo y apacible, lleno de niños correteando, apenas tráfico y para rematar nuestra llegada nos informan unos vecinos de pantalán que esta noche harán un espectáculo circense en la plaza del pueblo! J y yo nos miramos sonrientes, por fin hemos llegado a un sitio en el que disfrutar de paz durante unos días después de tanto turismo y tanta ciudad!
Otra sorpresa nos espera aquí, nos encontramos de nuevo con la familia del Gènep: Laurent, Geraldine, Gaspar y Luisa y también Giles, quien marchó con Dominique y Dominique a las islas Salvajes, Madeira y Porto Santo pero que ha vuelto con su hermana a pasar unos días en la Gomera, una isla que ya nos advirtió que nos encantaría.
Empezamos bien nuestra estancia aquí…


Se respira otro ritmo. Nos gusta! La gente de la marina es muy tranquila y simpática y tenemos una bonita playa a cada lado del puerto de arena oscura y aguas protegidas, otro buen lugar para nadar!

La playa de la cueva, la que está un pelín más alejada del puerto, hacia el norte, y con el Teide de fondo…

 

Y la playa al ladito del puerto, y vistas del puerto y de una parte del pueblo desde el mirador

 

Al día siguiente de nuestra llegado nos dispusimos a estirar un poco las piernas haciendo una excursión hasta la playa de la Guancha, un pelín más al sur de San Sebastián. El camino es sencillo y apto para todos los públicos, y el sol pega de lo lindo, así que es muy probable que inauguremos la Gomera con su correspondiente bañito.

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Lo que veis al fondo no es la Gomera, es Tenerife, realmente están muy cerquita una de la otra!

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La primera playa que se ve es la de la Guancha, nuestro destino, más allá se divisa la punta del Cabrito.

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Y después del bañito de rigor, el correspondiente descanso…

 

La Gomera es una isla repleta de rutas, como bien nos informa Giles y sus amigos, todas ellas muy bien señalizadas y a cada cual más bonita, una de las zonas más míticas de la isla es el parque del Garajonay, que alberga un hermoso bosque de Laurisilva del terciario de los que los gomeros están muy orgullosos, y como pudimos comprobar después no es para menos!
Entre la información que nos proporcionó Giles y los mapas que nos facilitaron en la oficina de información, bastante buenos, por cierto, para ser de distribución gratuita, ya estamos más que preparados para dejarnos seducir por la Gomera.

Alquilamos un coche para tener más independencia, ya que aunque hay bastantes guaguas, nuestros horarios son un pelín peculiares, además, esta vez hemos encontrado un chollo! Una compañía “autoplus car” con la que nos sale el alguiler del coche por 72 euros la semana! Ay, si te hubiéramos conocido antes…por lo visto tienen oficinas en todas las islas, pero nosotros hasta el momento no la habíamos visto!
En fin, para las próximas islas creo que ya sabemos donde alquilar, de momento nos dirigimos a hacer la ruta de El Cedro, una de las que se encuentra en el parque del Garajonay.

Ya la entrada a la zona del parque nos impresiona, la carretera está en muy buen estado a pesar de estar repleta de curvas y la densidad de tráfico no es muy alta, así que da gusto conducir por estas carreteras…

 

Elegimos una ruta sencilla que transcurre por frondosos senderos de laurisilva y cedros, amenizados por el canto de los pájaros que aquí encontramos especialmente llamativo por su inmensa sonoridad y constancia. Cuánto habría disfrutado aquí Olivier Messiaen…


Para reponer fuerzas al final de la excursión elegimos hacerlo en el camping albergue que ya nos había mencionado Giles y la verdad es que fue una muy buena recomendación, muy barato, abundante, rico y con buenas vistas, qué más se puede pedir?
J disfrutó con cabra guisada, llevaba días teniendo antojo de cabra y por fin pudo degustarla, una carne muy típica de estas islas, yo pedí el plato del día que era Cherne con verduras, un pescado muy típico de aquí, parecido al besugo pero un pelín más basto de textura y sabor, y cómo no! mojo rojo y verde bien picantitos…mmmmmm…delicioso!

Ese día rematamos la tarde con un paseo cercano a una cascada con vistas impresionantes del valle…

 

J es un carnívoro empedernido (aclaración de J: en el barco casi nunca comemos carne, así que aprovecho para hincar el diente a todo bicho guisado cuando lo tengo al alcance!) y desde que unos amigos de Giles, gomeros, nos dijeron que había un sitio que hacían una cabra guisada exquisita no paró de salivar y soñar con tan deseado manjar, así que uno de los días lo reservamos para visitar el Valle Gran Rey, impresionante! donde se ubica “La Vizcaína”, el santuario de la cabra guisada.

 

Disfrutamos tanto con su degustación que se nos olvidó hacer fotos del plato!! Solo hicimos un par mientras esperábamos que nos trajeran la comida…ahhh…mención especial al almogrote de la Vizcaína, muy bueno también!


Para reposar la comida nos fuimos en busca de una playa tranquila en la que descansar nuestros agotados cuerpos, demasiadas emociones! y después de dar unas cuantas vueltas intentando encontrar la más adecuada nos conformamos con la más recogida de los vientos, muy cercana al puerto de vueltas, al final del valle de el Gran Rey.

 

 

Esta isla no deja de sorprendernos, tiene rincones maravillosos, a cada cual más bonito y todos ellos con rutas accesibles, unas más duras que otras, pero todas bien señalizadas y conservadas.

Y aquí al fondo El Hierro, que nos espera impasible…

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Después de unos días y excursiones por la Gomera decidimos bautizarla como la isla de las margaritas, hay en todas partes y de diferentes tipos a cada cual más bonita! Las que crecen cerca del mar tienen los tallos más carnosos y sobreviven con apenas agua y en terrenos frágiles y escarpados enterrando sus raíces en los más profundo de la tierra para arañar unas gotas de agua.

 

Son las flores preferidas de H pero no sé por qué se dedica a arrancarlas…pobres! 😉

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Seguimos visitando los sitios recomendados por Giles, sus indicaciones están siendo muy acertadas y nos dirigimos a la punta de San Lorenzo, un paseo magnífico que comienza en una bonita cala en el que hay un chiringuito donde pensamos sería buena opción venir a comer un día o si no, traer nuestra propia comida y cocinarla en una de las varias parrillas que hay en el merendero, uno de los muchos que hay en esta isla, todos super bien preparados con fregaderos, parrillas, lavabos, enchufes!!! En fin, una maravilla lo bien cuidado que tienen todo estos gomeros.
Disfrutamos del atardecer en un hermoso paseo sembrado de margaritas entre acantilados que acaba en una hermosa piscina natural llena de cangrejos y pececillos.

 

 

Volvemos a la la calita donde habíamos dejado el coche, a punto de anochecer, cuando de repente cerramos el maletero y oímos “clack”, el coche se ha cerrado y las llaves están dentro!!!!! NOOOOO! y qué hacemos ahora? es casi de noche, estamos en una cala perdida y…el chiringuito de la cala! allí habrá gente todavía! rápido! Están ya recogiendo, a punto de cerrar y se ofrecen a llevarnos, pero hacia su destino, que está en la otra punta del nuestro…mala suerte! Espera, que me suena haber visto un par de coches aparcados cerca del nuestro, corre, antes de que se vayan!
Explicamos nuestro problema y finalmente Torai y Ruben se ofrecen a llevarnos al pueblo más cercano en dirección a nuestro destino para una vez allí coger taxi, bus o lo que podamos. Son una joven pareja de la isla y en el trayecto nos explican sitios que visitar, nos contamos nuestras respectivas historias y finalmente nos dejan en el centro del pueblo donde vendrá a recogernos un empleado de la empresa de alquiler de coches con la que finalmente hemos podido contactar y explicar nuestro problema…ufff..menudo alivio! ya nos veíamos pasando la noche…dónde? al cielo raso en la playa? No teníamos cobertura de móvil en la cala, al barco no podíamos volver…En fin, suerte que al final todo acabó como una anécdota y la manía, a veces enfermiza por parte de H, de preguntar cada vez que salíamos del coche si teníamos las llaves encima. Definitivamente estos coches modernos no son para nosotros! Donde esté nuestra humilde Dobloneta…ayyy… 😉

Entre tanto bosque J cada día que pasa se está transformando en un duendecillo y se intenta hacer amigo de los numerosos insectos que pululan por doquier, si tuviéramos aquí a nuestro amigo David Madueño cuántos consejos podría darnos respecto a las fotos macro!


La primavera está en su máximo esplendor y la naturaleza florece en una magnífica explosión de colores a cada cual más bonito…

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Ya había mencionado antes los merenderos de la Gomera, pero este se lleva la palma, una magnífica explanada en el parque del Garajonay con columpios, tirolinas, por supuesto no pueden faltar las parrillas y lo que más sorprende aún, un horno!!!!

Y con la primavera y entre tanta flor, llega el día de Sant Jordi! Vaya, parece que aquí también lo celebran así que aprovechamos y nos hacemos un regalo conjunto, un pequeño libro de peces de Canarias.

Y para no variar nuestro ritmo de caminatas nos dirigimos a las Cuevas Blancas, una ruta que se encuentra en la zona noreste de la isla.
El camino discurre por la cima magníficos valles que nada tienen que enviar al valle del Gran Rey y pequeños pinares que ayudan a hacer el camino más refrescante.

En la parte más alta de la ruta con vegetación más escasa y acostumbrada a clima más áridos se puede divisar la vecina isla de Tenerife, con el siempre omnipresente Teide coronado de nubes.

 

Al final del recorrido nos encontramos con un antiguo poblado hoy abandonado que se construyó aprovechando las cuevas formadas de forma natural y se construyeron viviendas suponemos que para los pastores y agricultores del lugar. Hacer todo el recorrido diariamente debía ser agotador, así que suponemos habilitaron el lugar para poder pasar allí las temporadas de pastura y de recolección de la siembra.

 

Más allá del poblado nos encontramos con unas cuentas advertencia que nos invitaban a no seguir inspeccionando por estas tierras….

Pero a J no hay emoción que le quite el apetito así que de bajada paramos a hacer un picnic para zamparnos un buen par de bocadillos de sardinillas picantes que tanto nos gustan…Y aquí hago un inciso: hemos encontrado un supermercado cuyo producto de marca blanca, Tamarindo, sólo hemos visto en La Gomera y nos han emocionado tanto sus sardinas en lata que hemos comprado casi todas las que había en sus estantes!!!! Son piezas hermosas, con carne firme, en aceite de oliva y con el toque picante que tanto nos gusta…Lástima no encontrar esta marca en la península!

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El día se está estropeando y nos encontramos con dos habitantes de estos lares que nos miran entre recelosos y amenazantes y J, que no tiene medida, comienza a salivar…

Y se acercan nuestros últimos días en esta isla que tanto nos ha gustado, con la suerte de poder asistir a la celebración de San Marcos, en el pueblo de Agulo, uno de los más bonitos de la isla, porque a decir verdad, el resto de poblaciones de la Gomera no tiene un encanto especial, la excepción se la lleva esta última aldea.
Cuenta la tradición que a principios del siglo XVI, los primeros colonos procedentes de Tenerife desembarcaron en una cercana playa de Agulo, alentados por los Condes de la Gomera con la intención de establecerse en estos lares hasta entonces improductivos, y que trajeron consigo la imagen de San Marcos, que desde entonces se convirtió en el patrón de esta zona.
Cada 24 de abril, víspera de la festividad de San Marcos, se continúa con la tradición de levantar unas hogueras de forma piramidal y casi un metro de alto hechas con madera de sabina, que son saltadas por todo aquel que lo desee, normalmente comienzan los mozos del lugar y luego, una vez que las hogueras han bajado un poco su altura, les toca el turno a las zagalas más intrépidas del lugar, que ciertamente no escasean.

 

Los últimos días en la Gomera se vieron alterados por una inusual corriente en el puerto, que acostumbra a llamarse “resaca”. El fenómeno fue en aumento y llego a ser alarmante, pero este relato vendrá detallado en una próxima entrega. Hasta pronto!

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