La manta raya

El tiempo mejora y decidimos probar suerte con el fondeo, así que nos vamos al sur de Tenerife, de esta forma estaremos más cerca de nuestra siguiente isla, la Gomera.
En el camino J, con su ojo de lince, divisa algo flotando…es un pájaro, es un avión, es una empanadilla gyoza??? NOOO! es una medusa y parce una Carabela Portuguesa!!! Un tipo de medusa que se deja arrastrar por el viento y la marea gracias a su peculiar forma.
Es preciosa, tiene unos colores muy intensos que parecen irreales, no es muy común encontrar este azul en la naturaleza. Eso si mucho cuidado, es muy
venenosa!


Es una navegación corta pero animada, un poco más adelante una bandada enorme de gaviotas parecen querer cortarnos el paso…

 


Llegamos al atardecer a la costa sur, donde hay dos marinas, la de San Miguel y la Marina del Sur, en el pueblo de las Galletas. Enfrente de la bocana de la marina hay una pequeña cala bien resguardada de los vientos del norte y decidimos fondear y pasar la noche allí.
Por fin fondeamos de nuevo! Como echamos en falta poder fondear y pasar el día contemplando el horizonte, leyendo, pescando al atardecer, bañandonos si el agua no está fría…


La noche es muy tranquila y el viento cae del todo así que el barco cambia de dirección lenta pero constantemente. Ahora apunta a la costa, ahora al mar, ahora a la costa, ahora al mar. Es un movimiento imperceptible y en absoluto molesto. Se llama bornear. Tan solo se torna incómodo si en algún momento del lento borneo el barco queda atravesado a las suaves olas que llegan de mar adentro. Por muy suaves que sean, si el casco presenta el través a merced de la ligera ondulación del mar, empieza un suave y dulce balanceo en el barco que va aumentando progresivamente. Este movimeinto no es muy incómodo al estar durmiendo, incluso ayuda a entablar amistad con Morfeo como si de una cálida cuna se tratara! El problema es que el viejo Rasmusaurus cuenta con un diseño un tanto peculiar. Tan solo tiene 1,35 metros de calado. O sea que la quilla es muy poco profunda. En el momento que se diseño, por allá a finales de los años sesenta, la tendencia era hacer barcos más “afilados” y tan solo tiene 3 metros de manga. Estas dos  peculiaredades producen que el balanceo a bordo sea mucho más pronunciado que en otros barcos de la misma eslora, los cuales tendrían unos 1,8m de calado y 3,5m de manga por poner un ejemplo. Ahora bien, como decíamos, mientras duermes, este dulce balanceo no molesta pero, ah amigo, de nuevo otra de las peculiaridades de nuestro viejo barquito… las drizas (o sea los cabos que permiten izar las velas) que corren por dentro del mástil (de alumino) son a la antigua, o sea, de acero trenzado! No se si habéis probado a dormir en un campanario cuando repican las campanas. Pues algo parecido tenemos a bordo. O también se parece a un rebaño de vacas comiendo hierba, con sus cencerros bien grandes y pulidos… tolón, tolón… toda vez que el barco se cruza a la mar. Aishhh
Y por si fuera poco, otra peculiaridad de nuestro querido Rasmusaurus es que los tanques de agua potable estan construdios en el interior de la quilla, lo cual porta más estabilidad y está muy bien, pero no deben estar bien compartimentados porque al iniciarse el dulce balanceo empiezas a tener la sensación que estas bajo las cataratas del río Victoria! Toda esta musica nocturna produce una sensación de amplificación del dulce balanceo y no podemos evitar exclamar, “maldito balanceo!!!”
J como buen capitán atento a todo movimiento fuera de lo normal, cualquier cambio de viento o ruido inesperado, se levanta a media noche. Ata un cabo a un cubo grande que tenemos y mete dentro unos plomos. Amarra la botavara por proa de manera que queda lo más perpendicular al barco. Caza la escota, lo cual la tensa hacia popa, no sin antes haber colgado el cubo de su extremo permitiendo que este se hunda un par de metros. Y voilà! Cada vez que el barco empieza su balanceo, el cubo bien lleno de agua, hace las veces de freno, como si de un paracaídas se tratara, y el movimiento lateral se ve graciosamente amortiguado. Yupi! Funciona! Era un truco que ya habíamos leído pero que no habíamos probado todavía y la verdad es que aunque es un poco tingaldo, y más a media noche sin luna y en pelotas, vale la pena. El próximo día probaremos a hacer lo própio usando la botavara del palo de mesana, eso sí, a la otra banda, de forma que tendremos dos amortiguadores en vez de uno.

Teníamos pensado salir a la mañana rumbo a la Gomera pero se está tan bien aquí…Poco viento, ratos de sol con algo de nubes. Aprovechamos para bañarnos un rato. Ufff, el agua sigue fría! Dejamos pasar las nubes y caer el sol. Llega Marte! bien cerquita de Escorpio. Parece que quiera besar a Antares. Que bonito es el cielo y que poco lo contemplamos en la ciudad.

Al día siguiente decidimos que ya es tiempo de zarpar. J va hacia la proa a inspeccionar la cubierta y oh! que hay en el fondo del mar? Una oscura forma cerca de la cadena del ancla. Parece que se mueve pero no, sigue ahí, tiene forma ovalada, o no, triangular. Ostras! Es una manta Raya!!! Uala, que bonita, que grande. H ven a ver esto! Qué raro parece dormida. J va hacia proa coge la caña de pescar dispuesto a lanzar el plomo sobre ella a ver si se mueve. Tras diez minutos de lances parece que el bicho está bien, bien dormido. La suave brisa ha calmado y parece que se ve mejor el fondo, que está a unos 7-8 metros. Mmmm, que raro, la cadena sale de nuestra ancla y lleva una dirección y justo al encontrarse con la manta raya se curva y sigue otra dirección bien distinta hasta nuestra proa. Dioses del Olimpo! No es una manta raya, es una roca o algo que hace que nuestra cadena esté enganchada al fondo. Bueno, calma. Probamos a levar el ancla usando el molinete manual entre los dos. Nada, no sube. Arrancamos el motor y probamos de dar una vuelta completa con el barco a ver si se desenreda de la roca. Tampoco resulta. Otra vez, dos vueltas en vez de una? Nada. J se pone el neopreno máscara y aletas y se zambulle en las profundidades

Oh dioses, parece un ovillo que ha pasado por las garras de un dulce gatito!

Resulta ser un par de viejas anclas que con toda certeza se usaban para sostener un punto de fondeo. Estos artilugios se encunetran a menudo por el litoral y a veces se emplea un bloque de hormigón para sostener la amarra o cadena y otras, unas viejas y pesadas anclas. Como nunca sabes lo que hay debajo a no ser que haya poca profundidad y buena visibilidad, no es prudente amarrarse a un fondeo desconocido ya que no sabes si podrá sostener el peso de tu embarcación si el viento arrecia. Es más seguro usar tu propia ancla, sobretodo si el fondo es de arena como éste, ya que se trata del mejor tipo de fondo para que el ancla agarre fuertemente.

J trata de llegar a la maraña creada por las viejas anclas pero aunque casi llega a tocar el ancla, le falta aire y aún así el peso de la cadena es tan grande que es imposible desenredarlo. Usando unas defensas (una suerte de boyas que se usan para proteger los costados del barco en puerto) trata de hacer flotar la cadena para que pueda moverla con menos esfuerzo, pero nada. Todos los intentos son infructuosos. Incluso usamos el ancla de respeto, una Bruce de 15 kg, para quitar tensión a la principal y poder trabajar mejor pero no resulta.

Habrá que pedir ayuda. Por suerte estamos a poca distáncia de la bocana del puerto y hay barcos de submarinistas que van y vienen. Eoooo, ayuda, auxilio, aquí !!! Nada, parece que no nos ven o se hacen los suecos. Finalmente se aproxima un amable marinero que pilota una lancha y no nos puede ayudar pero se ofrece a llevarnos al puerto donde nos dice que podremos pedir ayuda a alguno de los diversos centros de submarinismo del pueblo.

Así es como conocemos a Reca que resulta ser nada más y nada menos que un catalán que llegó a Tenerife hace unos diez años y aquí se quedó. Tiene una asociación de submarinismo y se ofrece a ayudarnos junto con un compañero suyo. Una norma del buceo con escafandra es que nunca debe sumergirse uno en solitario, simpre tiene que haber por lo menos un compañero que pueda prestar auxilio en caso de necesidad.

DSCN2486

Nos dirigimos de nuevo al punto de fondeo, se sumergen y al cabo de un rato finalizan la tarea. Dicen que por lo menos había cinco vueltas alrededor de la vieja ancla!

Con toda esta operación ya se nos ha echado la tarde encima y además tras consultar el parte meteorológico vemos que empezará a soplar un sur fuertecito, así que no podremos pasar la noche fondeados de nuevo. Optamos por dirigirnos al puerto vecino que nos dicen que cuenta con mejores instalacions y mejor precio. Allí pasamos un par de noches esperando que el viento amainara. En el puerto habitan un par de ejemplares bien curiosos:

 

También nos sorprende la imagen de un pez con un curioso nombre.

DSCN2297

Aprovechamos para visitar el vecino pueblo de los Abrigos, que cuenta con puertecito para pescadores muy bonito. Los alrededores no valen mucho la pena, sobretodo porque esta bastante construido, apartamentos turísticos, hoteles, campos de golf, etc.

Por fin llega el día en que podemos partir! Se anuncia un viento suave del sur y poco oleaje, arreciando al atardecer y rolando a sureste. Todo está preparado y nos separan apenas 30 millas que suponen unas 6 horas de travesía. No obstante, a medio camino entre Tenerife y la Gomera, se conoce que un banco de Calderones (pequeñas ballenas) ha establezido su morada y asoman el hocico en busca de aire puro, reconfortantes rayos del sol y las fotografías de los turistas. O sea, que en vez de 6 horas calculamos 8 y por ello nos pegamos un buen madrugón.

Por si alguien no lo había pensado, antes de soltar amarras conviene arrancar el motor para poder salir del puerto, así que ale! Repasamos que todo esté bien estibado por última vez, radio VHF? encedida, Instrumentos de navegación? Encendidos, Piloto automático? Encendido! Canal 16 (de emergencias) a la escucha? Si señor! Pues nada, giramos llave para calentar el diesel. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, suficiente ya que no hace nada de frío, krank, krank, kranc, bruuuuuuu, bruuuuuuu, tacatacataca Dioses del Olímpo! Que ruido más raro! El motor no arranca! El panel de instrumentos se pone a parpadear. Ponemos la llave en off. Ay ay ay… Parece algo eléctrico ya que la impresión es que el motor de arranque sí giraba . J revisa todo lo que se le ocurre, voltímetro en mano y manual de instrucciones en el regazo y al cabo de un rato lo intenta de nuevo. krank, krank, kranc, bruuuuuuu, bruuuuuuu, tacatacataca, lo mismo! Mejor no probarlo de nuevo porque no pinta nada bien. Afortunadamente el motor todavía está en garantia porque está instalado hace apenas 6 meses así que llamamos a Vetus en Tenerife.

Nos atiende un chico muy majo y nos comenta que no cree que se pueda desplazar un mecánico hasta el lunes. Que mala suerte! un par de días más aquí pueden ser un poco aburridos y además a saber si la reparación será rápida, en fin… A los pocos minutos el mecánico llama de nuevo y después de un buen rato con J repasando posibles causas del fallo le recomienda que revise todo el circuito eléctrico desde las baterías hasta el motor. Pfff, para acceder a las baterías hay que quitar todos los trastos del cofre de estribor! Bueno, paciencia. Cada vez que vaciamos un cofre toda la cubierta y bañera quedan repletas de cajas, bolsas, remos, herramientas, cabos y latas. Porque eso sí, el Rasmusaurus tiene unos cofres en los que cabrían un par de elefantes en cada uno!

Finalmente llegamos al compartimento de las baterías y al ir a medir con el voltímetro enseguida vemos que las tuercas que ajustan los bornes con los cables están muy flojas. Vaya, será éste el problema? Vamos repasando una a una y cada borne que ajustamos parece que estemos más cerca de la solución. A pesar de las arandelas se han aflojado casi todos y claro, los contactos son muy pobres y la intesidad de corriente está muy menguada con lo que al arrancar el motor, muy exigente con la batería, parece que todo se trastoca. Una vez todo bien apretado, J pone de nuevo la llave en el contacto y krank, krank, kranc, runrunrunrunrun yupi! el suave ronroneo de los motores marinos nos inunda de nuevo! Así que tan solo era eso! Que alegría. Llamamos al mecánico para darle las gracias y decirle que todo está solucionado y nada, de nuevo a estibar todos los trastos y aparejos en el cofre. Lo malo es que con todo el susto ya se nos han hecho las tres de la tarde y después de dudar un poco posponemos el zarpe para mañana.

A la mañana siguiente con el barco bien arranchado y bien desayunados nos disponemos a arrancar de nuevo el motor y piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Maldita sea! Rayos y centellas! un pitido fortísimo emana del cuadro eléctrico y no obstante no se enciende ningún piloto de alarma! Ay madre. J empieza de nuevo a revisar de nuevo el sistema eléctrico y al poco rato, H, gracias a la asignatura de Periféricos que cursó en su último año de carrera, suguiere que desconecte los cables del panel de mandos y los conecte de nuevo. Vaya, como un apagar y encender de los de toda la vida. A regañadientes, J sigue su consejo ya que en el fondo él ya lo había pensado, era su siguiente plan y ahora si funciona, ella se llevará todo el mérito, grrrrrrr

Y efectivamente, de nuevo el dulce runrunrunrun , musica celestial, néctar supremo para los tímpanos. El motor arranca! No hay pitidos, todo listo, larguen amarras!!! Timón a babor, atrás a mínima potencia! Todo avante! Proa a la Gomera!

 

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