Fuerteventura

Gran Tarajal es un pueblo chiquito pero muy agradable, tiene una enorme playa de arena negra bastante resguardada de las olas.

No es muy turístico, y el poco turismo que encuentras es extranjero, pero ni tiene grandes edificios ni megaconstrucciones ni hoteles. No es muy vistoso y atractivo pero tiene el encanto de la sencillez y la tranquilidad.

Nos sorprende que en muchas de las paredes de edificios que quedan al descubierto porque no tienen ningún otro al lado, estén cubiertas de enorme grafittis, la mayoría de ellos con algún motivo relacionado con el mar. Son bonitos, vistosos y dan color y alegría al pueblo, lástima que olvidáramos hacer fotos, pero “googleando” he encontrado unas cuantas imágenes…

Aprovechamos para reponer víveres en el supermercado más cercano y allí encontramos esta “joyita”, que por supuesto, no pudimos resistirnos a comprar.

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No estaban mal, no sé si por la propia incertidumbre de la patata que se sentía desorientada por desconocer su origen o quizá por la mutaciones llevadas a cabo en algunas de las bolsas en la que se hallaban especímenes británico-canarios mezclados al azar. Ay, la difícil tarea de buscar los orígenes de los alimentos que ingerimos…

Pero volvamos a lo que nos ocupa…Gran Tarajal tiene una gran playa de arena negra a la que nos acercamos un par de días a disfrutar del calorcito que desprende esa fina arena negra que acumula el calor de los rayos solares que inciden durante todo el día sobre ella, muy agradable sentir en espalda y en riñones esas pequeñas partículas que conforman un infinito y cálido tapiz oscuro. Su fría agua ofrece un claro contraste, demasiado para nuestros aún poco despiertos cuerpos  y nos quedamos con las ganas de gozar de un alegre chapoteo.

El viento se mantiene muy presente durante la mayor parte de los días, sin embargo, no nos impide hacer alguna pequeña excursión por la zona, eso sí, en algunas ocasiones, para evitar ser arrastrados por la furia del dios Eolo, tenemos que recurrir a alguna ayuda extra, que en esta ocasión viene dada por las numerosas piedras que conforman el paisaje… 😉

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El paisaje es árido y a pesar del fuerte viento que azota disfrutamos de la excursión por estas yermas tierras apenas salpicadas con vegetación.

 

Han sido unos días muy tranquilos y apacibles en este pequeño pueblo en el que hemos disfrutado de pequeños homenaje culinarios, nuestra primera focaccia con una burbujeante y blandita masa, estupendos arroces de la mano de un chef de primera…vamos, que nos estamos cuidando de lo lindo en lo que respecta a las comidas!

Una mañana, mientras desayunábamos, tuvimos la visita de esta preciosa ave, que al demostrar su valentía al acercarse y permanecer largo rato en nuestra bañera, le ofrecimos un puesto de tripulante, no sin antes pasar la prueba de gobierno de la embarcación. Demostró gran destreza al mando pero finalmente declinó nuestra invitación y decidió permanecer en este su hogar, haciendo compañía a la nocturna garza que encontrábamos por las noches paseando entre pantalanes.

Pero lo mejor de la estancia estos días ha sido conocer a nuestros vecinos franceses, los tripulantes del Yelo2, Dominique y Dominque:

Y a la tripulación del Genep, Laurent, Geraldine, Luisa, Gaspar y Giles:

Con el Genep coincidimos por vez primera en la Graciosa, Laurent se acercó a ayudarnos cuando estábamos atracando, y también coincidimos paseando por las calles de Arrecife; y de Yelo2 fuimos vecinos en marina Lanzanrote, salimos y fondeamos en Papagayo el mismo día, y llegamos a Gran Tarajal prácticamente a la vez.

No ha sido hasta ahora que nos hemos conocido, fuimos al Yelo2  para que los Dominique nos dieran recomendaciones sobre las diferentes islas y finalmente acabamos juntándonos con los tripulantes del Genep. Pasamos un rato muy agradable con todos ellos y una vez más corroboramos nuestra teoría sobre los viajes y las experiencias de la vida, lo mejor es siempre la gente.

Nuestros vecinos zarparon un día antes hacia Gran Canaria y nosotros hicimos el trayecto en dos etapas, primero llegamos hasta el extremo sur de Lanzarote, punta Jandia, donde pasar noche y así acortar un poco el largo trayecto que nos espera.

La navegación fue muy suave, a ratos a vela pero sobretodo a motor por falta de viento. Al atardecer ya divisábamos el faro de la punta Jandia y tan solo quedaba doblarlo para a las pocas millas, recalar en el puerto de Morro Jable.

 

Una vez en el puerto pudimos atracar en un pantalán medio olvidado, sin agua ni luz, en una área remota, y al comentarle al marinero de guardia que partiríamos de madrugada, la noche nos salió gratis!

Salimos a dar un paseo y el pueblo se mostró muy turístico, pero aún así, dadas sus reducidas dimensiones y su bonito paseo tan próximo al mar y abrigado del siempre presente viento del norte, nos pareció muy agradable. No nos importaría pasar más días allí, pero el parte meteorológico anunciaba la llegada de fuertes vientos para la noche de mañana y próximos días. Así que o cruzábamos al día siguiente a Gran Canaria o tendríamos que esperar una semana más por lo menos.

Casi cincuenta millas nos separan del puerto de las Palmas de Gran Canarias, a una velocidad promedio de unos 5 nudos son unas 10 horas de travesía, así que zarpamos de madrugada para poder arribar a puerto con luz del día y evitar la anunciada llegada de vientos duros al caer la noche. La previsión es que, doblada la punta Jandia, entre un viento fresco, fuerza 5, por lo menos y algo de oleaje, así que esperamos tener una buena navegación aunque tal vez algo movida.

Y efectivamente, al ir arribando a la punta empieza a entrar un viento de través muy bueno, pero al poco rato las olas empiecen a hacerse notar y claro, si el viento es de través, las olas son de través, con lo que la embarcación se balancea bastante lo que resulta un poco incómodo. El viento arrecia, hay que tomar un segundo rizo y enrollar un poco más la Génova. La tripulación tiene que estar alerta. pues la navegación es buena pero las rachas de fuerte viento abundan. Con éste panorama, H se abandona a las labores de marinería más duras y arriesgadas… dormir plácidamente en la bañera!

 

 

A menos de 10 millas de tierra firme hacen aparición nuestros amigos del mar. Delfines a la vista!!!! gritó el capitán. Mas no sirvió para despertar a la grumetilla. En fin, hay tantos por estas aguas que los verá en la próxima visita. Lo sorprendente es que hacen aparición a tan pocas millas del puerto de Las Palmas, y es un puerto muy frecuentado por cargueros de todo tipo, buques cisterna, cruceros y un montón de embarcaciones de gran tonelaje cuya carga o propósito desconocíamos.

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Visita de delfines con Las Palmas a pocas millas de la proa

Nos habían recomendado no apuntar a la parte de estribor de la ancha bocana del puerto, lo que sería habitual siguiendo las directrices del reglamente para evitar abordajes internacional. Es decir, como si fuera un coche, al entrar a puerto debes entrar por tu derecha y los barcos salen por su derecha, o sea a tu izquierda. Lo mismo dentro de los canales del puerto, radas, estuarios o cualquier paso angosto que dificulte la maniobra de los grandes buques. Pues siguiendo la recomendación, nos dirigimos a la parte de babor, o sea, la más próxima a tierra, para así dejar paso libre al denso tráfico portuario. Todo iba bien, seguíamos con mayor, génova y mesana, unos 6 nudos de velocidad. En el sistema de localización de buques, el AIS, saltó la alarma de colisión. J la reconfiguró para que el margen fuera menor dada la densidad de barcos. Nos dirigimos a una zona en la que había muchos barcos fondeados, a la espera de obtener vía libre para efectuar sus maniobras de carga y descarga. Parecía lo más seguro y así nos alejábamos de los posibles barcos con rumbo de colisión.

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El AIS empezó a pitar de nuevo. Alarma de abordaje! Peligro de colisión! Buque a menos de 100 metros en cinco minutos. Conseguimos localizar a vista el barco que nos amenazaba, era un carguero negro, con una manga (anchura del barco) tremenda y venía directo a hacia nosotros. O virábamos nosotros o seguíamos rectos y confiábamos que al ir a vela nos cedería el paso. No obstante, aunque las reglas para evitar abordajes en alta mar dan preferencia a un velero, en las proximidades de un puerto, los barcos con maniobra reducida y cargamento peligroso también tiene prioridad de paso, así que el resultado del enfrentamiento se resolvió por una cuestión de peso. Nuestras 7 toneladas no tenían nada que hacer frente a sus 100.000 toneladas que pesaría el bicho ése. J encendió el motor rápidamente mientras H desconectaba el estridente pitido de la alarma. La lógica decía que si él estaba saliendo de puerto y nosotros acelerábamos para aproximarnos más a tierra, dejaríamos paso libre ya que normalmente los barcos, al pasar por la bocana arrumban a mar abierto en cuanto pueden. Siete nudos, todas las velas desplegadas y el motor a unas 1800 rpm. El barco se acercaba y no parecía querer cambiar de rumbo. Ya divisábamos incluso el nombre y las personas a bordo, que parecían no vernos. Subimos a 2200 rpm. La velocidad tan solo aumenta a unos 7,2 nudos. La hélice empieza a cavitar. Perdemos velocidad! El barco negro cada vez más próximo. Hay que decidir algo rápidamente. J reduce las rpm de nuevo a unas 2000 y retomamos los 7,2 nudos y viramos algo a estribor para reducir el ángulo relativo de aproximación. Es una maniobra arriesgada pues parece que nos dirigimos contra ellos, pero la realidad es que reduces la distancia recorrida delante de su proa con lo que disminuyes el riesgo. A los pocos segundos que parecieron una eternidad, parece que podremos pasar sin ser arrollados y al empezar a verle su costado de estribor descubrimos porque ese barco se nos echaba encima en vez de virar a babor hacia mar abierto. También quería fondear! Tenia preparados unos cabos y las anclas a medio bajar y un remolcador lo acompañaba en las maniobras. Así que por eso se dirigía hacia esa zona, rodeado de otros enormes buques fondeados dónde nosotros creíamos estar a salvo.

Después del susto y agradeciendo al AIS su inestimable ayuda nos dirigimos al muelle de espera para desembarcar y esperar que nos asignaran un atraque dónde poder descansar de tan agitada travesía.

 

2 comentarios en “Fuerteventura”

  1. Uau, nena, tienes un dominio de la jerga marinera que ni el Capitán Nemo! Mon dieu!
    Salivando estoy por las exquisiteces que os jaláis, bribones!!
    Y brutal la patata dubitativa, jajajajaja!
    Muas!

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